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La UE: ¿A QUE RSE RESPALDA?

 

COMO AFECTA A LA REGION LA ETIQUETA VERDE EUROPEA

 

 

 

Aleandra Scafati
Fundadora de Eco-Mujeres

Recientemente en Europa se anunció con bombos y platillos, las bondades del nuevo sello verde de la Unión Europea (UE) que comenzará a regir a partir de julio.  El objetivo del sello es unificar los criterios de etiquetado ecológico entre todos los países de la UE.  El uso del logo es obligatorio para aquellos productos producidos en la UE.

El nuevo logotipo, denominado "eurohoja", consiste en una etiqueta verde con las estrellas blancas de la UE, repartidas en forma de hoja de árbol.  Los consumidores podrán reconocer así los productos ecológicos hechos en la UE sin necesidad de logotipos específicos de cada país.  Junto a la etiqueta se podrán colocar otros distintivos de carácter privado, regional o nacional.  Los productos deberán llevar el nombre del último operador que lo gestionó, así como el nombre y el código del organismo de inspección.

Por ahora este etiquetado es solamente aplicable a los productos que quieran llamarse ecológicos o afines, nombres tales como: ecológico, bio o eco, incluyendo el uso de estos nombres en marcas registradas, en el etiquetado o en la publicidad.

Estos productos deben garantizar que, como mínimo, un 95% de sus ingredientes se han elaborado de manera ecológica; que cumplen con las normas del plan de inspección oficial; que provienen de forma directa del productor o distribuidor en un envase sellado; que no contiene organismos modificados genéticamente a no ser que estos se hayan incorporado al producto de manera no intencionada y que su proporción en el ingrediente sea menor del 0,9%.  A los operadores que no cumplan con todos los requisitos, se les podrá retirar su certificación ecológica.

Sin embargo, sabemos que esto genera una competencia entre productos ecológicos y no ecológicos, y por ende a nuestra región la afecta directamente.  Por ejemplo, en el caso de materias primas agrícolas, se debe aclarar si el producto es de la UE o no. Y si los productos se produjeron en otros países, esos productores deberán cumplir con los mismos controles y especificaciones de elaboración que los de la UE.  Lo más importante de destacar es que la misma UE controlará a los organismos de control locales para avalar que el producto cumpla con las condiciones necesarias.

Insisto, aunque no lo veamos, esto es lisa y llanamente dumping comercial hacia la región, pero sobre todo hacia Argentina, que tiene su economía basada en productos agrícola-ganaderos y que difícilmente, por una cuestión de tecnología, distancia y costos, pueda cumplir con los requisitos que exige la UE.  Pensemos que la frase principal que guía la comercialización de estos llamados productos ecológicos afirma que el etiquetado le asegura al consumidor alimentos frescos, sabrosos y auténticos, al tiempo que respeta los ciclos vitales de los sistemas naturales.  Con lo cual estamos hablando de alimentos de temporada y producidos lo más cerca posible de los consumidores.  Así, tanto la región como Argentina, quedan afuera del juego.

Los productores agrícolas o ganaderos que quieran reconocer sus alimentos como ecológicos tienen que cumplir una serie de requisitos, como la rotación de cultivos, la limitación muy estricta en el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos, antibióticos para ganado, aditivos y similares, la prohibición del uso de organismos genéticamente modificados o el aprovechamiento de los recursos locales, como el estiércol para la fertilización o alimentos para el ganado producidos localmente.  Además, deben utilizar especies adaptadas a las condiciones locales, criar ganado en zonas al aire libre y con alimentos naturales, formar parte de una cadena de suministro ecológica o usar semillas producidas de forma ecológica.  Con estas medidas, se descartan la mayor parte de los actuales métodos de producción utilizados actualmente en la Argentina, tales como soja transgénica, la carne vacuna de feedlots y los pollos de frigorífico.  Con ello no estoy diciendo que las propuestas no son ambientalmente razonables, pero acordémonos siempre que una adecuada propuesta ambiental, tiene que tener una mirada integral hacia el desarrollo sustentable, esto es tener en cuenta variables sociales y económicas, y en esta propuesta, estas dos variables claramente no están siendo tenidas en cuenta.

Sin duda, esta modalidad esconde una nueva forma de proteccionismo.  Mientras en la Ronda de Doha, se sigue hablando de liberar tarifas y aranceles, sobre todo a los productos agropecuarios-ganaderos, la UE se las ingenia para conseguir un nuevo modelo, políticamente correcto y en línea con la conciencia del consumidor, para evitar que los países periféricos puedan mejorar su estándar de vida.  Considero fundamental aprovechar los ámbitos internacionales, por ejemplo el G20 y las COPs, donde la Argentina tiene sillas, para empezar a pensar en formas alternativas de defensa de las reservas ambientales. 

Si de proteger el ambiente se trata, podríamos comenzar con desarrollar un sistema de valuación de nuestros activos ambientales, hoy explotados por empresas en su mayoría no Argentinas, para compensar las pérdidas comerciales-económicas que estas nuevas modalidades van a generar en el desarrollo sustentable de la Argentina, y de la región.

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