Arquitectura Sustentable
Edificios y espacios urbanos sustentables
 
 

Entrevista: La Sustentabilidad de los Espacios Urbanos

 

MEDELLIN RENACE DE LAS CENIZAS


Entrevista al Arqt. Gustavo Restrepo

 

Con más de 4 millones de desplazados y refugiados internos volcados masivamente sobre los centros urbanos, Colombia representa cabalmente el drama latinoamericano, cuya última etapa se inició en los 70 y hoy se extiende por diversos territorios y geografías de nuestra Región.  Entre las ciudades colombianas, Medellín como ninguna, era hasta hace poco un ejemplo paradigmático de la profundidad que puede alcanzar  la desintegración social en un ambiente hostil bajo permanente agresión.  Sin embargo, en pocos años y ya en el presente siglo, Medellín comenzó a recuperarse, mostrando que aún existen reservas morales intactas, capaces de tomar la posta y revertir procesos que parecen inexorables. En esta entrevista, realizada por Eduardo Yarke a uno de los principales artífices del cambio que se está produciendo, como es el Arqt. Gustavo Restrepo, éste nos cuenta de este transcurrir reciente y de sus experiencias y vivencias durante el desarrollo del mismo. 


Pregunta: Medellín, como otras ciudades colombianas, vio multiplicar su población en pocas décadas generando un gran conflicto urbano y social por la ocupación indiscriminada de las laderas que rodean al valle, por la falta de servicios e infraestructura, por la precariedad de las viviendas, y los problemas de educación, salud, trabajo e inseguridad derivados. ¿Cómo se llegó a esa situación, cuáles fueron sus principales causas y en qué momento y porqué se comenzó a cambiar la tendencia que se daba?  

Respuesta: Fundada a las orillas del rio Medellín y al borde de la quebrada Santa Elena, estructurada bajo las tradicionales maneras urbanas de las tipologías españolas: el damero, como principio fundacional de las ciudades militares o para este caso comerciales, Medellín se enclava en un territorio asombroso de belleza natural dominado por las empinadas montañas de la cordillera de los Andes que rodean el valle de Aburra territorio en el que está dibujada.

Una población asimilada a estos bellísimos paisajes y profundamente arraigada en la laboriosidad, la unidad familiar y el interés por el progreso comunitario, convertiría a esta ciudad, con 334 años de historia, en símbolo de prosperidad y pujanza, pero que a su vez cargó durante recientes 30 años con la más cruda de las violencias sociales que alguna otra ciudad haya tenido oportunidad de soportar.

Esta ciudad construida en un cruce  de caminos se convirtió rápidamente en lugar receptor de grandes masas poblacionales que fueron atraídas; en algunos casos, por el desarrollo industrial, sus promesas de empleo y calidad de vida, pero en otros casos, como lugar de protección y resguardo para poblaciones desplazadas por una profunda violencia rural.

Familias buscando refugio que llegaron  de diferentes regiones del país,  no fueron  siempre bien recibidas por el colectivo, prejuzgadas de forma sesgada y sectorizada por el color de su piel, o por el acento de su voz, aunque afortunadamente en otros casos resultaron adoptados sus integrantes, como buena y pujante mano de obra para las incipientes industrias que se asentaban en el  valle de Aburra.

Durante los años 40 y 60 la ciudad creció en su margen oriental principalmente, por el asentamiento de hombres que llegaron buscando empleo en las floreciente industrias antioquenas, principalmente las algodoneras, las productoras de materiales de construcción  (ladrilleras, cementeras y siderúrgicas) e industrias que iniciaban un largo proceso en la investigación y el desarrollo en alimentos cárnicos, galletería y sus subproductos.

Esta mano de obra que llego por cientos a la ciudad industrial de Colombia, como se le conocía desde entonces, aprendió rápidamente a transformar el territorio  a manipular los materiales de construcción con gran destreza, especialmente la arcilla, para  convertirse en desarrolladores y planificadores autónomos de un territorio particular en sus formas y rico en elementos ambientales, variado en paisajes, con múltiples cuencas de agua cristalina y pequeñas lomas que nutrían y particularizaban el paisaje dándole identidad y territorialidad a cada sector, a cada barrio.

En cambio, la migración entre los 70 y los 90 fue por el contrario, hija del desarraigo, producto de las luchas y las guerras de guerrillas en el campo y por supuesto frustrados portadores del sueño efímero, de las imaginarias ventajas, de vivir en la ciudad.

Miles y miles de familias llegaron para asentarse en las lomas y cañadas de nuestro valle, desconocedoras de todo orden y jerarquía que arrendaban donde cualquier usurero de la tierra veía una oportunidad de negocio.

Así nuestra ciudad y nuestro valle se vio atiborrado de gente que, con la esperanza de encontrar sustento para sus familias, se acomodaron  de cualquier modo en las faldas de Medellín.

Nuevas gentes que llegaban de todo el país encontraron una ciudad deprimida,  con la industria estancada que no podía emplear a tan alto número de personas. Esta mano de obra sin experiencia y lastimosamente desarraigada, colisionó con la ciudad y sus ciudadanos establecidos, lo que generó enormes tristezas y frustraciones.

La demanda de territorio creció, y lo que se va ocupando del suelo disponible son zonas cada vez más estrechas y empinadas.  La violencia y el narcotráfico encuentran un lugar perfecto para hacer caldo de cultivo y echar raíces.

Frente a la frustración y el abandono, ser sicario, tener un arma y una motocicleta era el sueño desafortunado de muchos de nuestros jóvenes que veían en esta labor un  dinero fácil y una oportunidad de sacar a su "mamita" adelante.

El estado se olvidó de cuidarlos, se olvidó de dotar de infraestructura estos barrios que crecían exponencialmente. La ciudad olvidada crió delincuentes, narcotraficantes, paramilitares, guerrilleros, milicianos; en fin de todo lo más malo que ciudad alguna hubiera imaginado.

Durante los años ochenta y hasta finales de los noventa,  Medellín vivió una historia de miedo, donde el espacio público, la calle, desapareció del plano de lo social, las iglesias ya no eran siquiera lugar de resguardo, la policía tenía precio, y los que podían, por su poder económico, fundaron los centros comerciales para alejarse de la calle e hicieron del club el lugar social por excelencia. El resto de la población de menores recursos, muchos de nuestros niños, jóvenes, padres y abuelos no tuvieron otra cosa más que hacer que replegarse a sus casas a llorar sus muertos.

La calle no era más un lugar de encuentro y la ciudad no bridaba dignidad a sus habitantes. Esta fue la Medellín de las cenizas.

 

P: La Medellín de las cenizas, lentamente se ha ido recuperando. ¿En que punto está la situación actual y que profundidad y permanencia supones tendrán estos cambios en el tiempo?


R: En la actualidad, tendría que decir que Medellín pasó del Miedo a la Esperanza, slogan de campaña del alcalde Fajardo. Sin embargo deberíamos ser conscientes de que no todo está resuelto.

Medellín ha asumido hoy en día que la inversión de lo cobrado por impuestos debe estar enfocada en un % importante en aquellos lugares donde los índices de desarrollo humano son más bajos, donde el ingreso per cápita es menor y se aleja de estándares normales. Invertir entonces en el espacio urbano, en escuelas y centros comunitarios principalmente.

Esta ciudad a descubierto que a través de la educación podrá dar a sus niños oportunidades y de esta manera convertirse en una ciudad más competitiva en el futuro.
La seguridad es un legado que se transmite a los ciudadanos en la medida que se proyecta igualdad, ésta se logra desterrando la delincuencia pero dando oportunidades a los que quieren trabajar.

Nuestra ciudad ha encontrado en el deporte y la recreación una alternativa para ocupar los tiempos de ocio de todos los sectores sociales y no solo una recreación exclusiva de los grupos adinerados,

Medellín ha encontrado en la cultura una oportunidad para conocer y resolver sus conflictos, esto le ha permitido ser más objetiva y metódica en el momento de actuar.

Hoy la ciudad cuenta con un espacio público que dignifica a los ciudadanos, que nos permite encontrarnos y recorrerlos, que ha hecho que la ciudad sea más de todos.

Más niños, jóvenes y adultos tienen hoy  acceso a la información y a la educación. Esto les ha enseñado que la democracia es una oportunidad cundo se participa con conciencia en la elección de su futuro.

Es claro que los problemas más arraigados persisten, esto quiere decir que la violencia  no es síntoma sino una enfermedad que  requiere de largo tratamiento.


Nuestra ciudad a mejorado en transporte, pero debe aun estructurar políticas claras para la participación del transporte público-privado, que éste asuma conciencia de lo que significa una oportunidad de aportar al desarrollo armónico de nuestra ciudad.

En cuanto a alcanzar la meta de viviendas dignas, si bien se han encontrado soluciones, aun nos dificulta identificar lugares estratégicos para el desarrollo, donde las renovaciones urbanas y sus procesos se articulen de manera eficiente con la  trama de la ciudad existente, para evitar que los costos de construcción de nuevas infraestructuras se haga desaprovechando las ya instaladas.

Es importante entonces comprender que nuestra ciudad y los procesos de planeación que hoy se estructuran desde diferentes horizontes, me refiero a las oficinas públicas que intervienen en la planeación y proyección de ciudad al igual que las entidades públicas y privadas, están hoy mas articuladas  y respetuosas de la planificación, esto quiere decir que hay un futuro más esperanzador.

En la mesa hoy esta Medellín 2030 que permite a planificadores políticos y ciudadanos soñar la ciudad del presente y del futuro.

 

P: El “Urbanismo Social”  que han encarado en Medellín desde el Gobierno Local parecía una audaz propuesta en muchos sentidos. En primer lugar, en nuestros países es más común priorizar frente a las áreas marginales el abastecimiento de algunos servicios, empezando por aquellas infraestructuras de aparente menor costo  relativo – como la energía eléctrica o el agua potable abastecida puntualmente – para luego seguir con algunas y escasas viviendas que nunca alcanzan, relegando los edificios comunitarios al rol de complementos mínimo necesarios pero sobre los cuales no se pone ningún énfasis especial. ¿En qué momento asumieron el desafío de priorizar los equipamientos del tipo social comunitario y el espacio público como objetivo primordial de la gestión a realizar? - ¿Se hicieron cargo de la gestión pública ya con esta propuesta en mente o surgió luego del contacto con las poblaciones? - ¿Existía un grupo de trabajo político previo para discutir estos temas o se fue armando sobre la marcha?


R: Bien Eduardo, estas es la fase en que las preguntas se abren  y el tema se convierte realmente en una pasión compleja por demás.


En nuestros países es común encontrar que las soluciones se dan en  eventos básicos como  energía,  acueducto y en algunos casos alcantarillado.  La verdadera tristeza de esto está en que se realizan inversiones en territorios no regulados, significa entonces que se están legalizando asentamientos informales de facto, y sin ninguna aprobación de los entes de control se dan servicios públicos, inclusive encontramos viviendas en territorios subnormales, en zonas de alto riesgo pero que cuentan con todos los servicios públicos. Es mas, se les cobra impuesto predial a viviendas que han sido inclusive invasiones al estado.

¿Cuando se priorizó dar inicio a los equipamientos comunitarios?,  bueno el gobierno de turno cambió y esto trajo consigo la idea de potencializar la educación como mecanismo para dar igualdad y oportunidades a nuestros jóvenes.  Desde allí la primera idea de asociar el edificio público a oportunidades de igualdad, con la intención de que estos equipamientos fueran los más bellos para dignificar la vida de estos ciudadanos.

Detrás de los colegios llegan las bibliotecas  y las ludotecas y todo da inicio a un proceso de transformación que involucra por supuesto el espacio público, que se convierte en el lugar de encuentro que educa, y sensibiliza sobre las oportunidades de nuestros ciudadanos. La guerra interna trajo entonces la necesidad  de reencontrarnos en el espacio público, la pérdida del bienestar que la guerra produjo, fue la semilla para que germine la oportunidad de cualificar los espacios en torno a  estos territorios olvidados.

El proyecto político se dio de una manera diferente; se recorrió la ciudad, se conoció a la gente y esto trajo ya en sí, la idea de donde deberían ubicarse los proyectos detonantes,  pero igualmente importante fue la consulta a los ciudadanos y el estudio detallado de la ciudad durante periodos enriquecidos por el contacto entre la comunidad y los técnicos.

El grupo base inició la tarea y a este nos sumamos muchos, de muy diferentes profesiones, convencidos del cambio que alumbraba. Muchos llegamos de la docencia y del ejercicio profesional privado, pero de igual manera también los funcionarios de la administración comprendieron la necesidad del cambio  Hoy creo que todos ganamos. Todos los temas se discutían pero las comunidades con sus inicios de planes de desarrollo locales aportaron mucho al concepto de ciudad,  a los requerimientos de primer orden.


P: El éxito atribuible a esta política se sustenta en la respuesta de las poblaciones frente a las acciones desarrolladas, a un aflojamiento de las tensiones sociales y al sensible mejoramiento de algunos indicadores. Evidentemente la gente comprendió que eran ellos los destinatarios de lo que se hacía. Hay valores poco frecuentes en el equipo que asumió la tarea tales como: proponer un decálogo de honestidad, desterrar la desconfianza y el temor en las relaciones entre todos los actores, valorar lo estético y la calidad por sobre la obsesión de los costos, abrir a la comunidad aquello que antes se cerraba por una cuestión de aparente inseguridad. ¿Cuáles fueron los principales obstáculos que encontraron en este camino?


R: Siempre romper la tradición  es complejo y  la constante historia de olvido y desatención estuvo presente en la memoria de la comunidad. Recuerdo que nuestras primeras visitas siempre estaban llenas de desconfianza, teníamos que hacer pactos de respeto por la palabra.  Al principio no creían, muy desconfiados, la gente no creía en la oportunidad de cambio, era normal ya que 50 años de lo mismo no eran fácil de olvidar y menos que la gente creyera que iba a cambiar porque nosotros lo decíamos. Además no teníamos manera de demostrar lo contrario, lo único que pedíamos era tiempo.


Los obstáculos fueron muchos, luego de superar la incredulidad, era necesario concientizarlos de la importancia en la participación continua de las discusiones, pues es muy común en procesos extensos de 4 años o más que todos tengan interés en participar, y en permanecer. Posteriormente fue imprescindible asegurar la corresponsabilidad entre equipo y comunidad… me refiero a asegurar la integridad física de todos los involucrados en el tema. La violencia es tan fuerte pero tan ignorante que lucha muchos años por el desarrollo de sus territorios y cuando este llega acribillan la oportunidad.

Recuperar los territorios, hacer que las extorsiones a los contratistas se limitaran, asegurar el control de las obras, generar empleo sin  beneficiar a uno u otro grupo político, democratizar los sueños en fin……….todas tareas nunca fáciles.

Tampoco para los equipos técnicos la tarea fue fácil, no todos teníamos experiencia en trabajo con comunidades y a no todos les gusta realizar el ejercicio  profesión fuera de su oficina, metido en las calles durante tanto tiempo, hablando tanto, acordando tantas cosas. No, no fue fácil. Los sueños para lo público son además muy exigentes, siempre habrá alguien inconforme con lo que haces, pues siempre estas cerrando la puerta a alguien, me refiero a algún sector político diferente,  que luego buscará un motivo para estar en desacuerdo.

Cuando los suelos son tan difíciles y la exigencia  a los técnicos tan grande, habrá muchos días de incertidumbre,  de estudios hechos y rehechos.  Estos territorios han sido maltratados por muchos años y por esta razón están deteriorados, los suelos mil veces movidos y llenos de basura, exigen de las soluciones técnicas más costosas y complejas.

Siempre estos proyectos por su localización serán complejos y costosa su  realización. Los presupuestos salen siempre apretados…

Por último los tiempos políticos son muy distintos de los tiempos técnicos, los políticos siempre quieren terminar antes para poder inaugurar, esto trae dificultades así que también hay que explicarle a los dueños de los proyectos que todo toma su  tiempo. Las obras publicas deben ser para toda la vida….. Al menos esto traerá menos problemas en la vida pública.
P: Finalmente y aún sabiendo que cada situación es única e intransferible ¿Hay algún mensaje que como parte de ese equipo de trabajo y en función de la experiencia adquirida, desearías enviarle a los miles de militantes que en toda la América Latina se enfrentan a situaciones similares y pretenden hacer de la nuestra, una Región mejor?  
América latina es en sí un gran sueño, un gran proyecto que tiene más elementos que la identifican que situaciones que la contradicen. Encontramos similitudes en la política y los políticos, las economías y el manejo de los recursos, la mano de obra, los avances en tecnología - escasa y costosa - y por último y lo más común, con tantas familias pasando dificultades.

Esto de la arquitectura social no es un proyecto que sale de un sombrero ni se requiere de mágicos polvos para activar los nuevos ordenes, se requiere de mucha entereza y disciplina, primero  de los políticos que comprendan que el primer paso está en las decisiones que ellos tomen, segundo que exista una comunidad y técnicos comprometidos, y que se respete la vida en pro de un mejor mañana.

El espacio público será el futuro lugar de encuentro donde las ideas más brillantes se forjarán, démosle la oportunidad para que demuestre lo importante que es en la vida de cada ser humano, el espacio público es educador y estimulador de convivencia.

Son los edificios públicos la oportunidad para dignificar la vida de miles de personas  que se merecen, no lo mas costoso, sino la mejor calidad en detalles y  materiales, porque lo bueno no puede ser para unos pocos, lo bello dignifica.

Por último a los jóvenes de nuestras ciudades que tiene el futuro como una responsabilidad, démosles a ellos el derecho a disfrutar ciudades  más ricas,  mas gustosas,  más sabrosas de vivir. Si aprendemos a respetar los sueños de nuestros ciudadanos todos  y a convertirnos en sus lápices, siempre descubriremos lo que necesitan y evitaremos malgastar el poco o mucho presupuesto que nuestros impuestos dan, con cero corrupción y respeto por la palabra de todos los bandos…. para que nuestras ciudades se puedan construir nuevamente desde las cenizas.

Para más información: http://www.arqsustentable.net/actualidad3.html
                                                               
    Mayo de 2011



LA ULTIMA PROPUESTA DE URBANISMO SOCIAL PARA MEDELLIN

Plaza Botero y Museo de Antioquia

La última propuesta de transformación urbana y urbanismo social hecha por un equipo de profesionales conducidos por el arquitecto Gustavo Restrepo como Director del Plan Maestro,  es un Distrito Cultural en el Centro de Medellin que incluye a la Plaza Botero y al Museo de Antioquía.

El Museo de Antioquia es un Museo de larga trayectoria que ha renovado su proyecto de museo, mediante nuevas herramientas de gestión cultural, introduciendo valores sociales y educativos a su tradicional misión de investigación, conservación y difusión del patrimonio para incidir en el desarrollo cultural comunitario. El museo emprende un proceso de renovación de su planificación estratégica en aras de consolidarse como un centro cultural transformador de su entorno más cercano así como de la ciudad y la región de Antioquia

En la idea de consolidar al Museo de Antioquia y su contexto inmediato como distrito y centro cultural de la Ciudad, se propone generar un espacio de transformación urbana que permite parar el deterioro que actualmente posee y construir una vocación que dé competitividad al territorio y lo consolide como Distrito Cultural Metropolitano de la región.

Para ello se proponen tres objetivos:

1. El Fortalecimiento integral del Museo de Antioquia  y  su área de influencia a la luz del desarrollo Cultural, como  construcción de sello del territorio y viabilidad encaminada hacia un área competitiva de la Ciudad y una identidad planteada desde los estudios realizados.

2. El re-vertimiento de la línea de deterioro de usos del centro de la Ciudad y específicamente de la zona  de influencia del Plan Maestro, a partir de una intervención urbana que fundada en una lectura clara y coherente del territorio desde las condiciones económicas, sociales y físico espaciales, permitan encontrar los componentes que den valor a esta operación y que puedan cumplir el objetivo planteado.

3. El  planteamiento desde el ámbito inmobiliario, con el  objetivo de instrumentar los elementos para que la operación enmarcada en los dos lineamientos anteriores, se logre realizar con una operación urbana que presente alternativas para su implementación y los diferentes planteamientos para su desarrollo.

El desarrollo de este proyecto se justifica en el interés de la administración municipal en proyectos de resignificación urbana especialmente para el centro tradicional y representativo de la ciudad, que estén orientados a complementar la calidad urbanística, recuperación de su significación y su capacidad de convocatoria para todos los sectores sociales, mediante la integración coherente de las diversas intervenciones encaminadas a la protección y potenciación de su patrimonio cultural.

Los principales lineamientos físico-urbanos de este proyecto se muestran en el siguiente video:

 

Para información detallada de los fundamentos y propuestas de este proyecto se puede ver el Documento completo del mismo.

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