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PROGRAMA PRO-HUERTA DEL INTA

Desde el año 2005 el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de la Argentina está desarrollando el Programa Pro-Huerta que es un programa de seguridad alimentaria dirigido a la población en situación de pobreza estructural (población NBI) y bajo la línea de la pobreza.

Son objetivos de este Programa:

  • Promover prestaciones básicas (insumos biológicos, asistencia técnica, capacitación) para que familias y grupos o entidades de la comunidad generen sus propios alimentos frescos de huertas y granjas.
  • Capacitar promotores voluntarios de la misma comunidad o de otras instituciones (docentes, agentes de salud, municipales, de grupos religiosos, ONGs, etc.) Generar, adaptar y aplicar tecnologías apropiadas.
  • Favorecer la organización de las familias intervinientes para la incorporación en su alimentación diaria, frutas, verduras y otros productos de granjas, conservar y procesar domésticamente alimentos, participar en ferias francas, redes de trueque y microemprendimientos.

Está focalizado en atender a:

La población en situación de vulnerabilidad social, atendiendo familias urbanas y rurales situadas bajo la denominada " línea de pobreza"; donde quedan comprendidas situaciones de pobreza estructural, así como sectores pauperizados por caída de sus ingresos o por desocupación. También involucra a niños en escuelas de áreas socialmente críticas, priorizando aquéllas con comedor escolar. 

En este sentido, la población atendida incluye desempleados, subocupados, minifundistas, asalariados rurales, comunidades aborígenes, familias pauperizadas y población vulnerable en términos de seguridad alimentaria.


¿Quiénes pueden participar?

Las instituciones locales a través de sus promotores y en conjunto con los técnicos del programa, quienes deben encarar la tarea de identificar la población objetivo en términos de seguridad alimentaria -en orden a los criterios descriptos mas arriba-, lo que fortalece el control social sobre el programa en sí. 

Se requiere como condición necesaria para acceder al programa:
- Disponer de la superficie mínima necesaria para la implantación de una huerta.
- Participar en las instancias de capacitación que brinda el Programa.

El Programa propone una participación activa de sus beneficiarios en tanto asumen compromisos para su permanencia (cultivo de la huerta) Esta modalidad de incorporación implica un cambio actitudinal, cuya asunción es un proceso

¿Cómo se desarrolla?

El Pro-Huerta organiza su operatoria en dos campañas anuales: “otoño-invierno” y “primavera-verano” diferenciadas según la estacionalidad de las diferentes producciones.

En sus inicios, el Pro-Huerta elaboró una colección de semillas hortícolas “tipo” (12 especies) para una huerta familiar con una superficie de 100 m2, contemplando los requerimientos de consumo de hortalizas frescas de una familia de cinco integrantes.
Se decidió trabajar con variedades y no híbridos para facilitar la autoproducción de semillas y que aquéllas provistas no contuviesen “curasemillas” para evitar peligros en su manipulación. 

Luego, dada la diversidad de condiciones agroecológicas que presenta el país, el programa fue ajustando la composición de las colecciones hortícolas entregadas, diferenciándolas según regiones e incorporando especies de adaptación y consumo local

Evaluación y monitoreo

Las huertas ejecutadas por los beneficiarios del Pro-Huerta son monitoreadas y supervisadas periódicamente por los promotores y el personal técnico del programa. La información obtenida se recopila y sistematiza para la confección de los datos estimativos o preliminares de la evolución de la campaña en curso.

La evaluación final de las huertas se efectúa una vez finalizado su ciclo vegetativo, mediante el análisis de los resultados obtenidos. En este sentido, hay que tener en cuenta que la huerta responde a un conjunto de procesos biológicos complejos que coexisten y se relacionan en forma dinámica.

Impacto  del Programa

Para visualizar con mayor claridad los impactos alimentario, social y ambiental del programa, se vienen llevando a cabo desde hace varios años estudios de caso en distintos puntos del país, a fin de aproximar la cantidad de hortalizas obtenidas y valor de la producción en los diferentes tipos de huertas, bajo condiciones reales de producción; los cambios cualitativos operados en el ámbito de las comunidades y las mejoras en el hábitat experimentadas.

Una primer constatación pone de relieve en términos generales que, tanto en el caso de las huertas familiares como las comunitarias, los modelos atienden apropiadamente las condiciones de autoabastecimiento, mientras que las huertas escolares cumplen un rol principalmente motivacional y pedagógico, complementando subsidiariamente el aprovisionamiento del comedor escolar.

Asimismo, evaluaciones nutricionales realizadas de acuerdo a las estimaciones de producción de huertas familiares típicas, consignan que éstas cubrirían no menos del 72% de la recomendación global de consumo y valores aproximados a un 75% y 37% de las recomendaciones de vitaminas A y C respectivamente.

De esta forma el aporte del Programa en términos de nutrientes críticos (no aportados especialmente por otros programas alimentarios) es muy importante y permitiría, acompañado de una propuesta regular de educación alimentaria, un salto cualitativo hacia la diversificación de la dieta de las familias beneficiarias.

Rasgos cualitativos del programa tales como la opinión de los beneficiarios sobre el programa, expresada indirectamente mediante el orgullo o el entusiasmo por la propia huerta, la relación de respeto y confianza hacia técnicos y promotores, el énfasis en la valoración el aporte alimentario para su familia, tanto por ser sano” como por resolver una necesidad inmediata, así como también la autovaloración de la tarea realizada, dan forma a una identidad lograda –mencionada frecuentemente como “la mística de Pro-Huerta”- que se basa en la elevada pertenencia de sus distintos actores y es propiciada por estilos de coordinación que fomentan el funcionamiento horizontal y el desarrollo de estrategias participativas.

Finalmente, desde la perspectiva ambiental se ha constatado que el programa contribuye a mejorar las condiciones sanitarias del área en que discurre, fortalece la biodiversidad al continuar la producción de especies autóctonas o desplazadas adaptadas a nivel local e integra el aprovechamiento y apropiación de técnicas ancestrales de probado éxito con avanzados conocimientos agronómicos, con el fin e facilitar que sea la propia población destinataria del programa quien produzca su alimentos de manera eficiente social, económica y ambientalmente sustentable.

Para más información: http://www.inta.gov.ar/extension/prohuerta/index.htm

Para ver videos del programa ProHuerta, ingrese a los siguientes links:

http://www.inta.gov.ar/extension/prohuerta/info/carpetas/Videos/educacion_alimentaria.mpg