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EL DRAMA Y LA LUCHA ETERNA DEL PUEBLO MAPUCHE EN CHILE

Abril 2013

El conflicto por la tierra es un eje central de los enfrentamientos y luchas que se suceden y desarrollan en América Latina y el Caribe. En épocas recientes, en que ha aumentado el acaparamiento de tierras por parte de viejos y nuevos actores y en que en la mayoría de los países un 1% o 2% de los dueños de la tierra son propietarios de la inmensa mayoría de las mismas, este conflicto se ha incrementado y no hay síntomas de solución sino todo lo contrario.

En casi todos los estados de la Región existe esta lucha aunque con diferentes proporciones e intensidades. Uno de los más dolorosos, prolongados y ríspidos de estos procesos es, sin dudas, el que enfrenta al Pueblo Mapuche con el Estado Chileno.

El Pueblo Mapuche es originario en el sur de lo que hoy es Chile desde hace muchos siglos. Pero la Conquista del hombre blanco sobre el indígena que se dio en todo el continente, no logró (igual que en Argentina) imponer su dominio sobre el territorio tehuelche y mapuche hasta finales del siglo XIX, cinco siglos después de iniciada la Conquista de las Américas.

Este largo proceso iniciado por los españoles y concluido por los ejércitos nacionales de Chile y Argentina estuvo plagado de sucesos diversos que conocieron desde la negociación, el reconocimiento del derecho a la permanencia en las tierras ancestrales, la seducción y el soborno, hasta la traición mas artera con el incumplimiento de todos los pactos realizados, la persecución, el genocidio, el sometimiento y la esclavización de los grupos dominados. Este proceso continúa .y se profundiza en la actualidad en el marco del nuevo orden productivo mundial.



La Patagonia chilena es ambicionada, y por lo tanto ocupada, por los grandes aserraderos que destruyeron el bosque nativo para hacer con la madera inmensas montañas de astillas que se exportaban a Japón para hacer palillos para comer, por las papeleras transnacionales que contaminan aire y suelo y sobre todo los cursos de agua y que explotan extensas plantaciones de árboles que de ninguna manera pueden ser llamados bosques porque no lo son y que han ido reemplazando a los bosques nativos.

También en esta zona, empresas transnacionales han proyectado construir grandes represas para producir energía hidroeléctrica modificando totalmente al territorio. Este proyecto es resistido ya no solo por los pueblos originarios sino también por las poblaciones “blancas” quienes con grandes movilizaciones lograron una suspensión temporaria en Aysén, por ejemplo.  

La última de las ambiciones “extractivistas”  es extender hacia la Patagonia, la explotación minera que se realiza en otras zonas de Chile con  todas sus consecuencias.

Todos estos procesos de intensificación extractivista se dan sobre el territorio que el Pueblo Mapuche en su conjunto (con sus diferentes grupos y peculiaridades)  consideran como su territorio, al que tienen derecho de ocupación y uso (no existe el concepto de propiedad entre los pueblos originarios) porque así se lo habían prometido y pactado y porque así lo establece en la actualidad el Derecho Internacional. Este territorio es esencial para poder seguir viviendo y desarrollando su compleja y espiritual cultura y por eso resisten vigorosamente este avance que los avasalla. Quizás debamos recordar que todas las culturas de los pueblos originarios son, por su diversidad, riqueza, profundidad, espiritualidad y conjunción ejemplificadora con el territorio que ocupan, Patrimonio de la Humanidad y entre ellas la cultura mapuche es muy destacada.

La respuesta del Estado Chileno a estos reclamos no podía ser peor hasta el momento, con la militarización de la Araucaria como llaman a esa región, reprimiendo, persiguiendo, asesinando, deteniendo y juzgando a mayores y adolescentes, varones y mujeres. Acciones todas éstas que son silenciadas por los grandes medios de comunicación y los sectores dominantes.  Para agravar el panorama, una campaña sistemática trata de mostrar a los mapuches militantes como terroristas peligrosos a los que hay que aplicar todo el peso de la ley. Estas campañas consiguen no solo esconder la verdad sino también malquistar sectores importantes de la opinión chilena  contra quienes tienen los más legítimos derechos naturales de ocupación y uso sin interferencias.

Este problema es muy complejo, con numerosas facetas y peculiaridades y merecería un tratamiento mas humano e inteligente por parte de las autoridades, dado lo mucho y permanente que este pueblo puede aportar a la cultura chilena,  frente a lo limitado y temporario que el extractivismo aporta.

 


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